sobre la felicidad y el dolor
A veces es necesario hacerse un poco de daño. Cuando la vida empieza a teñirse de alguno razgos utópicos, hay que tirar un cable a tierra, por el simple hecho de que la felicidad, como la tristeza, también ciega. Todo tiene que estar en equilibrio y, al fin y al cabo, el único que tiene el poder para encontrar es equilibrio es uno mismo.
El cuerpo y la mente tienen que moverse a la misma velocidad, sino se te puede salir la cadena y de vez en cuando es muy difícil volver a ponerla. Por eso hay que preveer, prevenir, anticipar. La cabeza siempre está un poco más adelante, lo que debería ser natural, pero si esa distancia se alarga demasiado, de seguro que es insalubre. Ya si el cuerpo actúa antes que el pensamiento, vamos mal. Ese es el punto al cual no deberíamos llegar, digamos, el apasionarse dejando la razón completamente al margen. Si bien está bueno practicar alguna, y por qué no varias pasiones, en cuanto perdimos de vista qué carajo estamos haciendo, es ahí donde te quedaste atrás y te podés ver a vos mismo actuando como un tercero muy graciosamente disfrutando de tu libertad. Libertad que perdiste completamente transformada en libertinaje.
En todo habría que encontrar ese equilibrio, claro que a veces te descarriás y suena imposible. Ya sea para bien o para mal.
Y es gracioso si lo pensás, porque la tecnología te alarga cada vez más la vida... pero también te la atesta de cosas para malgastarla. Así el tiempo por más extenso que sea, siempre termina siendo poco y si no lo valorás, cuando te cae una ficha, ya es tarde. Quizá podés resarcirte, rectificar, pedir perdón o lo que sea, pero el tiempo que perdiste se perdió, y no vuelve. Los vicios que no tuviste ya no los podés tener, los libros que no leíste ya no los conseguís y la gente con la que podías, querías o necesitabas estar, ya no está.
El punto de desepción debe ser el peor, el más idiota. Llorás porque algo se acabó mientras podrías usar esas lágrimas como sudor o como saliva. Tiempo estancado, completa y llanamente derrochado.
Ojo! Qué el ocio muchas veces es productivo, inspirador, pero no me vengan a decir que la depresión es ocio porque es como decir que la automutilación aspira a la felicidad, cuando todos sabemos que no podemos ser más felices siendo menos uno mismo.
Volviendo a la libertad, que no es la que dicen los libros, habría que hacer algunas salvedades. Porque a veces uno deja de lado su libertad para llevar a a cabo la de otro, u otros, olvidándose de que podría estar haciendo lo que carajo quisiera (fuera de cualquier marco legal, por supuesto, que para el caso, muy poco importa). Seamos más que realistas, seamos sinceros: en lo profundo, todos y cada uno es plenamente egoísta. Si algo hacemos es porque ese algo nos da felicidad, directa o indirectamente. Si nuestro estilo de vida es ser humilde, desprendido y bohemio, el materialismo recae en eso, en consumir ese estilo que a vos y solo a vos, te trae felicidad y confort.
Seguro, la diferencia entre las personas consta de cuánta, cómo o qué felicidad consuma, no? Me gustaría no creer eso igual, que me acerca a pensar lo aplastante que debe ser una sobredosis. Por eso prefiermo hacerme daño con otras cosas y, por lo pronto, no con felicidad.